Describamos la tabla periódica

tabla periódica

El primero de todos los elementos, el hidrógeno, se sale un poco de lo común. Por convención se coloca sobre la primera columna de la izquierday sí comparte algunas propiedades químicas con los otros elementos de esa columna (principalmente el hecho de que, en un compuesto, por lo general pierde un electrón para formar un ión hidrógeno, igual que el sodio, elemento 11, pierde un electrón para formar un ión sodio). Pero el hidrógeno es un gas, mientres que todos los demás elementos en la primera columna son metales suaves. Es por eso que algunas presentaciones de la tabla periódica aíslan al hidrógeno y lo colocan en su propia categoría.

Todos los demás elementos de la primera columna sin contar el hidrógeno, se llaman metales alcalinos, y arrojar cualquiera de ellos a un lago puede resultar divertido. Los metales alcalinos reaccionan con el agua liberando gas hidrógeno, que es sumamente inflamable. Si arrojas a un lago un trozo de sodio lo bastante grande, el resultado es que segundos más tarde habrá una gran explosión. Dependiendo de si tomase las debidas precauciones o no, esta puede ser una experiencia emocionante y hermosa, o el final de tu vida como era hasta ahora, cuando el sodio derretido te salpique en los ojos y te deje ciego para siempre.

Los elementos de la segunda columna se llaman metales alcalinotérreos. Al igual que los metales alcalinos, son relativamente suaves y reaccionan con el agua liberando gas hidrógeno. Sin embargo, mientras que los metales alcalinos reaccionan de manera explosiva, los alcalinotérreos son menos agresivos: reaccionan tan lentamente que el hidrógeno no se enciende de manera espontánea, lo que permite, por ejemplo, que el calcio se utilice en generadores portátiles de hidrógeno.

El ancho bloque central de la tabla periódica se conoce como el de los metales de transición. Se trata de los metales más usados en la industria; la primera hilera por si sóla constituye un verdadero “quién es quién” de los metales comunes. Todos los metales de transición excepto el mercurio  son bastante duros y estructuralmente sólidos (sin embargo si enfriamos el mercurio lo suficiente, también tendra está dureza, se parecerá mucho al estaño). En general, los metales de transición son más o menos estables en presencia del aire, aunque algunos sí se oxidan lentamente. Un ejemplo bastante notable, seria el hierro, cuya tendencia al oxidarse es con seguridad, una de las reacciones químicas destructivas menos deseables. Otros, como el oro y el platino son muy apreciados por su alta resistencia a al corrosión.

Los dos espacios vacíos en la esquina inferior izquierda están reservadps para la serie de elemento lantánidos y actínidos de los cuales hablaremos detenidamente más adelante, pero podemos decir que según la lógica de la tabla periódica, debe haber un espacio de catorce elementos entre las columnas segunda y tercera, donde deben ir los elementos de los grupos lantánidos y actínidos. Sin embargo, como esto haría que la tabla periódica fuera demasiado ancha para ser práctica, la convención es cerrar esa brecha, y mostrar las tierras raras en dos filas en la parte de abajo de la tabla.

El triángulo en la parte inferior izquierda, se conoce con el nombre de metales ordinarios, aunque en realidad la mayoría de los metales que la gente considera ordinarios son los metales de transición y pertenecen al grupo de dichos metales.

El triángulo de la parte superior derecha se conoce como el de los no metales (los siguientes dos grupos, halógenos y gases nobles tampoco son metales). Los no metales son aislantes de electricidad, mientras que todos los metales la conducen, al menos en cierta medida.

Entre los metales y los no metales se encuentra una línea diagonal de separación con elementos llamados metaloides. Como su nombre indica, son elementos que se parecen un poco a los metales y otro poco a los no metales. En particular son conductores de electricidad, pero no muy buenos. Entre los metaloides están los semiconductores. El hecho de que esta línea sea diagonal va en contra de la regla general de que los elementos en una columna dada comparten características comunes. Se trata sólo de una regla general: “la química es demasiado complicada para tener reglas completamente inamoviles”. En el caso del límite entre los metales y los no metales, existen varios factores que compiten entre sí para determinar si un elemento cae en un campo o en otro, y la tendencia se inclina hacia la derecha conforme se desciende por la tabla periódica.

La decimoséptima columna es la de los halógenos y está formada por elementos que son bastante desagradables en su forma pura. Todos los elementos de esta columna son sustancias sumamente reactivas y malolientes. El flúor puro es lejendario para atacar casi cualquier cosa; el cloro se usó como gas venenoso durante la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, al formar compuestos como en la pasta de dientes con fluoro o en la sal de mesa cloruro de sodio, los halógenos se vuelven inofensivos y útiles en nuestra vida cotidiana.

La última columna es la de los gases nobles. Aquí el término “noble” se utiliza para indicar que se encuentran por encima de las acciones que realizan el resto de los elementos. Los gases nobles casi nunca forman compuestos entre sí ni con otros elementos. Por ser tan inertes, con frecuencia se utilizan para proteger elementos reactivos, ya que debajo de una capa de un gas noble no hay nada con que el elemento reacctivo pueda reaccionar.

Los lantánidos y actínidos, estos dos grupos se conocen en conjunto, como las tierras raras, a pesar del hecho de que algunas de ellas no son raras en absoluto. La hilera de arriba, que comienza, con el lantano, se conoce cómo la de los lantanidos y la hilera de abajo que empieza con el actinio es la de los actínidos.

Los lantánidos son bien conocidos por ser químicamente, muy parecidos unos a otros. Algunos son tan parecidos, que la gente discutió durante años si en realidad se trataba de compuestos diferentes o no.

Todos los actínidos son radiactivos. Los más conocidos son el uranio y el plutonio. El añadido de los actínidos a la composición estándar de la tabla periódica debe atribuirse a Glenn Seaborg, sobre todo porque fue el responsable del descubrimiento de tantos elementos nuevos de ese tipo que fue necesario crear una nueva hilera.

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