El proactinio

Protactinium

En la imagen se muestra la torbenita, que es un encantador mineral verde de uranio, en la cual podría haber protoactinio.

El protoactinio es el último de los elementos que ocurren naturalmente. A diferencia de los otros, el astato, el francio y el actinio, la vida media del protactinio es lo suficientemente larga (32.788 años) para que un trozo lo bastante grande para verse, por peligroso que sea, pudiera colocarse en una bonita caja de plomo en exhibición. Esto hace que su falta de disponibilidad sea todavía más frustrante.

En la década de 1960 se obtuvieron alrededor de 124 gramos de este elemento y se distribuyeron a los laboratorios que deseaban estudiar sus aplicaciones potenciales. Aparentemente, el asunto no funcionó del todo bien, porque hasta el día de hoy, no tiene ninguna.

El protoactinio en forma del isótopo de muy corta vida protactinio 234 (vida media: 1,17 minutos) fue descubierto por Kasimir y Fajans y O.H. Göring en 1913. El isótopo de vida más larga el protactinio 231 fue descubierto independientemente en 1918 por Frederick Soddy y John Cranson en Escocia y por Otto Hahn y Lise Meitner en Alemania. Pero el hecho de que podamos hablar de diferentes isótopos se debe a un miembro de otro equipo, Frederick Soddy.

Soddy descubrió que es posible que diferentes átomos del mismo elemento tengan masas distintas.

Un elemento se define como sustancia cuyo núcleo contiene un número específico de protones. Pero todos los núcleos contienen también un montón de neutrones. Cada isótopo de un elemento tiene el mismo número de protones, pero distinta cantidad de neutrones. Por ejemplo, el isótopo protactinio 234 contiene 91 protones y 143 neutrones. Por otra parte, el isótopo paladio 231 también contiene 91 protones, pero solo 140 neutrones.

La cantidad de neutrones no altera prácticamente en nada el comportamiento químico de los átomos, pero resulta crítica para la estabilidad del núvleo. Un núcleo sin un número adecuado de neutrones tiende a ser inestable y a la larga se descompone en lo que se conoce como descomposición radiactiva.

Cuando los átomos se desintegran, se libera una enorme cantidad de energía. Esa energía es la base tanto de las centrales nucleares como de las bombas atómicas. Frederick Soddy se dio cuenta de cuánta energía podría generarse de esta manera, y comenzó a predicar que la humanidad ya podía esperar un futuro hermoso, con energía limpia ilimitada. Pero después de ver la forma en que los científicos contribuyeron con el baño de sangre que fue la Segunda Guerra Mundial, se volvió en contra de la ciencia nuclear y comenzó a advertir a la gente acerca de las terribles consecuencias de continuar la investigación en esta área.

Aunque seguramente no fue algo que le complació, vivió para ver sus peores pesadillas convertidas en realidad cuando la bomba conocida como “Little Boy” se dejó caer sobre la ciudad japonesa de Hiroshima el 6 de Agosto de 1945, esa bomba estaba hecha de uranio.

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